hostilidad

Ampliar este contenido en otra predicación de Juan Manuel Montané. Ver.

Aunque las relaciones interpersonales son el punto central en la vida cristiana rara vez reciben la atención que merecen.

¿Estás dispuesto a examinar la calidad de tus relaciones a fin de aprender mas de la humildad que necesitás desarrollar?

¿Estás inquieto por el impacto que producís en las personas que conocés?

¿Estás dispuesto a que te informen del impacto que causa en otro y aceptar esa información como vital para su salud espiritual?

Muy pocos quiere saber como los perciben los demás excusándose que eso es propio de personas inmaduras y emocionalmente dependientes, pero si Dios anhela restaurarnos para que seamos una comunidad llena de amor es de esperar que la madurez es ser cada día mas consciente del impacto que causamos en otros Santiago 1:19-25

La persona que están atentas a como las demás perciben están mas cerca de amar correctamente y de escuchar la voz de Dios

Cuando nos exponemos a la opinión de los demás nos enfrentamos ante la realidad de que mucha de la conversación egocéntrica está escudada en la excusa de ser honestos y compartir sinceramente lo que siento. Aunque esta información está distorsionada aun así nuestra madurez depende de estar atento a los efectos que producimos sobre otros.

Cuando recibo una crítica puedo vislumbrar lo desesperado de probar como actúo y me relaciono.

Si dejo que el Espíritu me conduzca a las oscuridades de mi corazón

Hebreos 4:12,  Salmo 139:23-24, Proverbios 20:27

Me quebranto y renuevo mi alabanza a un Dios perdonador y me encuentro mas capacitado para oír su voz.

Todo este sistema de necesidades, sentimientos y actitudes que surgen de nuestra separación, vacío, angustia existencial o debilitamiento interior; complican y destruyen todas nuestras relaciones, aún aquellas que comienzan con las mejores intenciones.

De ahí que las Escrituras siempre conectan nuestro egocentrismo (carnalidad) con las relaciones que tenemos con los demás. Ya que son estas relaciones las que demuestran o ponen en evidencia nuestra carnalidad.

Porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? 1 Corintios 3:3

Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Gálatas 5:19-21

Este egocentrismo, es un vacío o angustia en nuestro interior que anhela ser satisfecho por los demás.

Este vacío lo podemos definir por tres NECESIDADES INTERIORES angustiantes:

a) Necesidad de complacencia

Si actuamos como bebes, sólo tenemos conciencia de nosotros mismos y de nuestras necesidades; un bebé requiere de todos los demás para satisfacer sus necesidades.

La primera limitación que sufre es el hambre, para luego enfrentar otras: limitaciones físicas, que tiene que ver con moverse y conseguir lo que quiere y limitaciones de tiempo, referidas a la necesidad de aprender a esperar.

Al crecer adquirimos independencia y podemos satisfacer esas limitaciones por nuestros propios medios, pero a la vez se nos aumenta la necesidad de bienes y placeres, y debemos saltar obstáculos para alcanzarlos.

De esta necesidad de complacencia surge la necesidad de poder, es decir la necesidad de no depender de otros para satisfacer nuestra necesidad y superar las limitaciones y obstáculos que se nos presentan para lograrlo.

Los bienes materiales y el poder de decisión nos confieren seguridad y libertad de movimiento, y esto nos conduce a la autocomplacencia.

b) La necesidad de suficiencia

En este intento de satisfacernos, el primer obstáculo que encontramos son los límites impuestos por la voluntad de nuestros padres, y de otras autoridades después. Al crecer buscamos adquirir poder para independizarnos de otras voluntades que nos impidan realizar los propios deseos.

c) La necesidad de protección

El tener que depender de los demás para alcanzar placer y la necesidad de superar las limitaciones que los demás nos imponen provoca en nosotros un sentido de impotencia que nos conduce a protegernos contra la ingerencia de otros en nuestra vida.

Frente a la competitividad de esta sociedad y la frustración que experimentamos, el recurso de escondernos, escaparnos, encerrarnos en busca de protección se arraiga más fuerte en nuestro corazón y maneja todas nuestras actitudes sociales.

Frente a la incapacidad de satisfacer este vacío y a estas necesidades angustiantes podemos definir también tres tipos de REACCIONES O ACTITUDES SOCIALES.

Reacciones que no son categóricas (en algunos ámbitos podemos reaccionar de una forma y en otras de otra) siendo muy notoria la diferencia entre las actitudes que adoptamos en lo público y en lo privado.

a) Actitud desafiante: procura mantener un falso sentido de seguridad influyendo sobre los demás. El instrumento es la hostilidad: se trata de amedrentar a los demás, mostrando insensibilidad ante los sentimientos de los otros y proyectando los nuestros propios.

b) Actitud sumisa: la agresividad se dirige hacia uno mismo. El instrumento es la culpa. Siente lástima de sí mismo y puede llegar hasta la depresión,

c) Actitud evasiva: trata de ser indiferente frente a los conflictos de los demás y hasta ante los propios. El instrumento es el temor y el negativismo. El temor es producto de la ansiedad por no quebrar ese frágil equilibrio interno.

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